miércoles, 16 de abril de 2014

Ciégame.

Harta de falsedad, superficialidad, del siglo en el que vivimos y de la gente que habita en él. Harta de poco sentido común, originalidad, intrepidez, empatía, confianza, sinceridad...Harta de rodearme de personas que han sido consumidas por la sociedad de hoy en día.
Es entonces cuando toca la sirena y se abren las puertas, y cuando de la esquina sale un autobús que frena bruscamente. La gente se levanta de sus asientos y se miran a ellos mismos. Seguramente no saben que desde fuera se puede apreciar todo, incluso esas docenas de ojos que están enamorados de sus propios reflejos. Mis pupilas se contraen de rabia, y de repente se dilatan al encontrarse con las tuyas.
Es injusto ver cómo tú te camuflas entre ellos, injusto que tu reflejo no brille más que el de los demás, porque tú derrochas luz. Es pensar que entre tanta inhumanidad te encuentras tú, y volver a tener esperanza. No tienes ni idea de lo egoísta que soy, por agradecer de que sólo me deslumbres a mí, de no querer que nadie más te encuentre y te descubra. Te prefiero así, invisible para todos menos para mí.
Cuando me pierdo, cuando quiero rendirme, cuando ya no quiero seguir, es entonces cuando te miro. Es entonces cuando esos ojos marrones me dan fuerza.

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